“Preventivo o correctivo” no es una elección binaria. Toda flota convive con ambos: hay tareas que deben ejecutarse antes de la falla y averías que no pueden anticiparse de forma razonable. La estrategia consiste en decidir dónde vale prevenir, qué correctivo es tolerable y cómo aprender de cada intervención.
Tres variables antes del plan
La criticidad pregunta qué ocurre si la unidad falla: seguridad, pérdida de frío, incumplimiento de entrega, falta de reemplazo o impacto bajo. La edad y condición describen desgaste, historial y confiabilidad. El perfil de uso agrega kilómetros, horas, carga, terreno, tránsito y estacionalidad. Dos unidades iguales pueden necesitar estrategias distintas si cumplen misiones diferentes.
Clasificá cada combinación de unidad y misión, no solamente el modelo. Una camioneta de apoyo con reemplazo disponible admite otro riesgo que una unidad única que sostiene una operación crítica.
Qué pertenece al preventivo
El preventivo incluye tareas definidas por fabricante, obligaciones de seguridad y controles surgidos de experiencia propia. Cada tarea requiere disparador por tiempo, kilometraje, horas o condición; tolerancia; repuesto; tiempo previsto y evidencia de cierre. “Revisar cada tanto” no es un plan.
Para traducir la decisión a frecuencias y órdenes puede usarse la guía para armar el plan de mantenimiento preventivo. Acá el foco previo es decidir qué riesgo merece ese control y cómo priorizarlo.
Qué correctivo es aceptable
El correctivo planificado puede ser razonable en componentes no críticos, de bajo impacto y con reemplazo disponible. El correctivo reactivo que detiene una unidad sin preparación debe medirse como excepción. La categoría nunca puede usarse para postergar elementos de seguridad ni requisitos del fabricante o la normativa.
Definí severidad, tiempo de primera respuesta y plazo de resolución. En el sistema actual de referencia, una orden puede atravesar estados como pendiente, en proceso, esperando repuestos, requiere acción, finalizada, cancelada, solicitud de cancelación o disputa. Esa secuencia muestra dónde se atasca el trabajo: el tiempo total no explica si el problema fue diagnóstico, aprobación, repuesto o proveedor.
La matriz de estrategia
En filas ubicá criticidad alta, media y baja; en columnas, condición estable, degradada o incierta. Alta criticidad e incertidumbre exige inspección, monitoreo y contingencia. Baja criticidad y condición estable puede tolerar reparación a demanda. Los casos intermedios se ajustan con costo de detención, disponibilidad de repuesto y capacidad del taller.
No fijes un porcentaje universal de preventivo. Calculá para cada familia cuántas intervenciones y horas provienen de tareas planificadas, fallas imprevistas y daños externos. La tendencia importa más que un número aislado. Si sube el correctivo repetitivo, revisá plan, diagnóstico, calidad del repuesto y conducta operativa.
Backlog, repuestos y ventanas
El backlog debe mostrar riesgo y edad, no ser una lista cronológica. Priorizá seguridad, obligación, impacto operativo, probabilidad de agravamiento y oportunidad de reparación. Reservá ventanas con Operaciones y verificá repuestos antes de inmovilizar. Una tarea “programada” sin capacidad ni material es una promesa, no un plan.
Después del cierre registrá causa, trabajo, repuestos, tiempos, costo y prueba de retorno. Las fallas repetidas deben abrir análisis de causa y eventualmente modificar la pauta preventiva.
Un mapa para no empezar por la herramienta
Para ordenar misión, criticidad, condición, historial, capacidad de reemplazo y consecuencias de cada falla, conviene trabajar en tres capas. La primera es alcance: qué queda incluido y qué no cuando se cumplen pautas obligatorias, se ordena el backlog y se registran causas de detención. La segunda es control: quién mira cada dato, con qué frecuencia y qué desvío obliga a actuar hasta alcanzar este estado: la estrategia se ajusta por familia con historia confiable, condición y aprendizaje de fallas. La tercera es aprendizaje: qué cambió después de la decisión sobre misión, criticidad, condición, historial, capacidad de reemplazo y consecuencias de cada falla y qué debe incorporarse al estándar. Elegir una pantalla o un proveedor antes de definir este mapa —misión, criticidad, condición, historial, capacidad de reemplazo y consecuencias de cada falla— suele mezclar capas y automatizar un proceso todavía ambiguo.
En un nivel inicial, se cumplen pautas obligatorias, se ordena el backlog y se registran causas de detención. En un nivel maduro, la estrategia se ajusta por familia con historia confiable, condición y aprendizaje de fallas. El paso entre ambos niveles no exige un salto único: para misión, criticidad, condición, historial, capacidad de reemplazo y consecuencias de cada falla, el avance útil es cerrar una brecha concreta por ciclo, documentarla y comprobar que no abrió otra en seguridad, cumplimiento o continuidad operativa.
Cómo llevarlo a la operación
El resultado de esta práctica no debería quedar en una conversación: debe existir una matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión con versión, fecha y responsable. La persona dueña es el fleet manager con Mantenimiento y Operaciones; eso no significa que haga todo, sino que reúne información, pregunta por las diferencias y deja registradas las decisiones. Para sostener la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión, la cadencia recomendada es revisión semanal del backlog y trimestral de la estrategia. Si ese ritmo no representa la operación real, el cambio de frecuencia de la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión debe quedar explícito y no ocurrir por abandono de la revisión.
La evidencia mínima es historial de órdenes, estado, causa, tiempos, repuestos y prueba de retorno al servicio. Conservar esa evidencia dentro de la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión permite reconstruir decisiones, comparar períodos y separar una excepción de una tendencia. En la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión, la trazabilidad evita que el trabajo termine como una colección de opiniones sin dueño. La decisión que esta práctica tiene que habilitar es prevenir, monitorear, reparar a demanda, reemplazar o crear una contingencia. Frente a la decisión de prevenir, monitorear, reparar a demanda, reemplazar o crear una contingencia, un dato que no modifica la elección probablemente sobra o está formulado en un nivel demasiado general.
Hay una señal para frenar y revisar el método: una tarea crítica postergada sin aceptación de riesgo o correctivos repetidos cerrados sin causa. Cuando aparece, la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión debe volver a la fuente, aclarar el alcance y separar lo conocido de lo supuesto antes de cerrar casilleros.
Preguntas para la próxima revisión
- ¿Dónde se concentra el tiempo detenido?
- ¿Qué falla repetida debería cambiar el plan?
- ¿La prioridad refleja criticidad o solo antigüedad?
El próximo paso para este tema es prevenir, monitorear, reparar a demanda, reemplazar o crear una contingencia. Registrala en la matriz de estrategia de mantenimiento por familia y misión y retomalo con esta cadencia: revisión semanal del backlog y trimestral de la estrategia. Si aparece una tarea crítica postergada sin aceptación de riesgo o correctivos repetidos cerrados sin causa, no cierres por inercia: volvé a historial de órdenes, estado, causa, tiempos, repuestos y prueba de retorno al servicio, dejá el límite explícito y recién después decidí.



